ESTUDIO DE LA PINCELADA, EL TRAZO Y EL COLOR EN LOS PAISAJES DE MUÑOZ DEGRAIN 

Textos: Lola Soto Vicario

“(…) Deseo que la obra de arte sea una representación de lo esencial de la Naturaleza, en la que el artista, con ella identificado, reproduzca en sus creaciones la sensación experimentada con verdad tan variada como el manantial de donde nace (…)” (1)

Planteamos en este estudio una profundización en las novedosas propuestas plásticas de la obra paisajística de Antonio Muñoz Degrain (Valencia, 1840 – Málaga, 1924), a partir de la visita a la exposición “Antonio Muñoz Degrain. El paisaje de los sueños”(Museo San Pío V, Valencia, 4 julio - 13 octubre de 2024), organizada con motivo del centenario de su muerte. 

Primeramente cabe señalar que en el presente artículo prescindiremos de hacer alusión a referencias biográficas o cuestiones históricas que rodean la figura del pintor, así como comentarios sobre los temas, motivos o lugares representados en las obras, pues sobre ellos existe amplia información y literatura en numerosas publicaciones, catálogos o en la propia web. En cambio, nos centraremos a analizar aspectos intrínsecamente artísticos: las aportaciones esenciales e innovadoras en cuanto al trazo y al signo gráfico de Muñoz Degrain, así como otros recursos que emplea y desarrolla con personalidad propia en sus paisajes, inventando todo un vocabulario pictórico absolutamente moderno, originalísimo y sin precedentes, a nuestro juicio su contribución más destacable al panorama artístico de comienzos del siglo XX. Pensamos que su obra debe ser valorada y analizada mayormente en términos de pintura, y menos desde las temáticas que abordó, pues en la creación artística el tema resulta siempre aspecto secundario en relación a la expresión plástica.  

Según hemos comprobado, el estudio de la expresión de Muñoz Degrain es cuestión escasamente tratada desde el ángulo de la pintura (2), es decir, desde una visión puramente artística: la manera, es decir, el cómo aborda los grandes formatos o los pequeños apuntes de paisaje con medios pictóricos afines a su sentir de pintor y según aquello que desea representar. Veremos que todo ello lo resuelve con la soltura, la decisión y la rotundidad de quien conoce en profundidad y maneja sabiamente los códigos de la pintura y los hace suyos, imprimiendo su propio temperamento y la fuerza violenta de su expresión.  

En particular, nos centraremos a comentar y a citar como ejemplos las obras posteriores a su etapa realista de cuadros de historia - probablemente de estilo más solemne y grandilocuente - ya que hallamos mayor interés en la expresión de sus paisajes realizados a partir de 1870, totalmente revolucionarios y audaces para su tiempo, que inicialmente le costaron no pocas críticas negativas por parte de los sectores más conservadores y culminaron, por otra parte, en su merecida proyección y reconocimiento tanto nacional como internacional. Como hemos dicho, nos centraremos en un grupo de obras que han formado parte de la exposición monográfica “Antonio Muñoz Degrain. El paisaje de los sueños”, así como otras pertenecientes a diferentes museos y colecciones de arte, y nos expresaremos en términos esencialmente plásticos.

Contemplados los cuadros de cerca, la impresión que causan a primera vista es la de que la monumentalidad de su formato envuelve totalmente al espectador y le permite introducirse plenamente en la intensidad de la pintura, de forma que su mirada recorre la amplia superficie pintada y transita por todos sus accidentes, sus densidades, pinceladas y signos llameantes, palpitantes de vida, haciendo que llegue a  perderse en el infinito de lo abismal del cuadro, en la abundante riqueza de registros gráficos, de manchas y trazos variadísimos, yuxtapuestos, ásperos, a menudo enérgicos y muy rápidos, que configuran una superficie texturada y visualmente dinámica y muy atractiva. En todos los paisajes inspirados en lugares particulares, el artista evoca y sugiere vivas sensaciones de movimiento y luz a partir de su experiencia directa con la fuerza y lo abrupto de la tierra, la rotundidad de lo rocoso y de la montaña, el misterio de lo marino, de lo celeste, de lo nocturno, o lo enigmático, lo exótico, lo grandioso y lo sublime de la naturaleza y de lugares tan remotos como imaginarios y de ensueño, fruto de su extraordinaria creatividad. Todo ello se nos revela a través de la construcción de abundantes gamas de matices y variados recursos de muy diferente dicción, a base de pinceladas disociadas, superpuestas, aplicadas en sucesivas capas, a menudo en húmedo sobre seco y sin apenas fundir tonos, de modo que las formas se generan sin haber trazado contornos marcados previos, sino de manera completamente abierta y libre, dibujadas con pinceles de distintos grosores, con una factura totalmente desenvuelta, hecha de toques, de manchas aisladas con carga de óleo denso sin apenas diluir sobre la tela o la tabla. Así, estos grandes paisajes tienen que ver con la evocación, con el interior del pintor, más que con una representación naturalista del lugar real, y nos trasladan a su propio universo interior, donde prima la voluntad de expresar un cumulo de sensaciones relacionadas con lo extraordinario, lo maravilloso, lo sobrenatural o lo fabuloso, interpretado todo ello con medios afines y coherentes.

Antonio Muñoz Degrain. Detalle de paisaje en el que el concepto de lo “acuático” de la composición se plasma con pincelada repetitiva y alargada combinada con variados trazos más breves yuxtapuestos, siguiendo la misma direccionalidad horizontal, y sin perder la unidad y la armonía tonal, el pintor crea una superficie animada afín a lo cambiante del medio acuático representado.
Foto: Lola Soto Vicario, en la exposición “Antonio Muñoz Degrain. El paisaje de los sueños”

Antonio Muñoz Degrain. Detalle de “Drama en Sierra Nevada”. 1912

Lo imponente y la cualidad majestuosa de la montaña se plasma a mediante unas formas visualmente contundentes y más compactas en volumen, con violentos trazos marcadamente oblicuos y de diferente direccionalidad que producen intensas tensiones visuales en la imagen.
Foto: Lola Soto Vicario, en la exposición “Antonio Muñoz Degrain. El paisaje de los sueños”


Asimismo, en sus brillantes apuntes y bocetos preparatorios de paisaje en pequeño formato descubrimos que la experimentación con distintos soportes y maneras de afrontar pictóricamente cada motivo es totalmente abierta y libre, y le lleva a inventar diferentes tipos de pinceladas o signos gráficos, frotando con el pincel, haciendo barridos, empleando la espátula para producir signos más gestuales, en definitiva, aplicando la pintura en manchas, líneas y marcas de dicción abierta con las que designa y distingue elementos y áreas diferenciadas en el cuadro: 

Antonio Muñoz Degrain. “Barco en la tempestad”. Apunte sobre cartón. Sin fecha

Antonio Muñoz Degrain. “Marina”. Apunte sobre lienzo. Sin fecha

Antonio Muñoz Degrain. “Paisaje”. Apunte sobre tabla. Sin fecha

Vemos que en la obra de Muñoz Degrain importará más el filtro subjetivo con el que la realidad es percibida y observada y se refleja en el cuadro, en lugar de una representación veraz y naturalista; el pintor ha sabido muy bien mirar primeramente hacia afuera, hacia el entorno elegido, la Naturaleza, y de ella ha seleccionado la cualidad visual que más le interesaba resaltar y que a su juicio mejor caracterizaba el lugar. Posteriormente realizará una síntesis, una composición en el estudio, devolviendo su mirada en forma de creación y teniendo en cuenta aspectos puramente plásticos. Contemplados a escasa distancia, apreciamos que resultan fragmentos de verdadera pintura intensamente trabajada, en ocasiones con sutiles transiciones, transparencias, sensibles y emotivos toques de color portadores de una gran poesía visual, que en nuestra opinión resulta mayor cuando el color se hace más sobrio y monocromático, aludiendo a la levedad de ciertas ambientaciones atmosféricas, tal y como apreciamos en los siguientes detalles: 

Antonio Muñoz Degrain. Detalle de “El Tajo. Lluvia”. 1915

El trazo se hace aquí ligero e inconsistente, el óleo se ha aplicado con un tratamiento casi acuarelado y fundiendo algunos contornos, lo que transmite las sensaciones acuáticas de lo difuso y lo velado del ambiente. 
Foto: Lola Soto Vicario, en la exposición “Antonio Muñoz Degrain. El paisaje de los sueños”

Antonio Muñoz Degrain. Detalle de “El Tajo. Lluvia”. 1915

Las arboledas se han dibujado someramente y sin detalle, insinuadas con ligeros trazos alargados y siguiendo ritmos verticales que enfatizan lo estilizado, lo melancólico y lo lánguido; el estado de ánimo de un paisaje bajo la lluvia,
con el óleo igualmente fluido y acuarelado.
Foto: Lola Soto Vicario, en la exposición “Antonio Muñoz Degrain. El paisaje de los sueños”

Antonio Muñoz Degrain. Detalle de “Paisaje con laguna”. Sin fecha.

La manera de resolver este sobrio apunte sobre tabla, probablemente captado au plein air, pone de manifiesto la soberbia maestría del artista al resumir e interpretar las formas orgánicas a partir de escuetas manchas y signos arrebatados, audaces y rápidos de pincel, y un empaste de grosor medio ejecutado de primera mano y evocador del movimiento, de lo vivo y lo mudable del paisaje   

Por otro lado, el color en el Muñoz Degrain de principios de siglo se construye básicamente a base de armonías a menudo con el empleo de gamas de complementarios, como el azul-anaranjado, que interactúan entre sí y generan sugerentes sensaciones sin perder nunca de vista la unidad tonal; apenas apreciamos disonancias cromáticas en su pintura y sí cierta saturación deliberadamente puntual, si bien juega deliberadamente con escalas tonales moderadas que buscan lograr ambientaciones sombrías o más iluminadas, a menudo irreales o fantasmagóricas, muy del gusto del pintor, y en ciertos casos con un valor esencialmente decorativo.

Antonio Muñoz Degrain. Detalle del fondo de paisaje de “El baño de las ninfas”. 1915
 
La intensidad del azul destaca en oposición a los leves toques de anaranjado-salmón, junto al uso del negro, que será constante en su paleta cromática de los últimos años.  Tal selección cromática nos adentra en el mundo de lo maravilloso, lo sombrío, lo desconocido, desdibujando contornos, construyendo una ambientación apenumbrada y envolvente, y creando formas casi caleidoscópicas que no existen en la naturaleza, sino que el pintor inventa a partir de manchas más o menos caprichosas y difusas, lo que produce un conjunto de evidentes connotaciones hacia lo onírico y lo irreal

Antonio Muñoz Degrain. Detalle de la construcción de un fragmento de naturaleza a base de trazos superpuestos/yuxtapuestos en armonías de violetas, grises y verdosos, cuya dirección va sugiriendo y modelando el volumen de las formas rotundas del elemento “monte” que se recorta sobre un fondo más claro.
Foto: Lola Soto Vicario, en la exposición “Antonio Muñoz Degrain. El paisaje de los sueños”

 

Antonio Muñoz Degrain. “Crepúsculo en Magdala”. Hacia 1902-1909 

Las suaves entonaciones en malvas y azulados, el fino decorativismo formal y de gusto oriental en el tratamiento de los elementos naturales, la ausencia de naturalismo en el color y la presentación del personaje fundido cromáticamente en la escena nos hablan de una ambientación donde prima la intención de lograr una localización que nos traslada a un espacio exótico y de ensueño   

Valiéndose de tonalidades tierras, y con frecuencia creando las áreas de sombra a base de violetas, verdosos o anaranjados, Muñoz Degrain maneja el color para conseguir superficies pintadas entonadas, equilibradas, pero al mismo tiempo activadoras de la imagen, al introducir en ciertas composiciones gamas más brillantes, limpias y luminosas, y conduciendo nuestra mirada a lo largo de la totalidad de la superficie pintada, sin marcarnos un recorrido, un orden o una jerarquía visual determinados, y que resulta en realidad una ambientación, una atmósfera pintada

Antonio Muñoz Degrain. Detalle del fondo de paisaje de “Marina (Vista de la Bahía de Palma de Mallorca)”. Hacia 1905-1910

La entonación en rosados, malvas, anaranjados y blancos destaca ante un área de fondo más despejado de intenso azul, que, sin ninguna intención naturalista, sugiere la incidencia del sol sobre las aristadas formaciones rocosas de marcado dibujo y produce una superficie en el cuadro animada y texturada, casi impresionista, que atrae poderosamente la atención al igual que el primer término. El momento efímero de sol se ha captado con medios igualmente rápidos y muy directos que tratan de atrapar un efecto de luz con trazo muy suelto, de distinta dirección e intención, casi dentro del Divisionismo pictórico   

Antonio Muñoz Degrain. “Un rincón de Venecia”. 1914

Entonación en gamas complementarias de anaranjado-azul activadoras de la imagen, con pincelada sintética que resume las formas y trata de evocar y diferenciar las diversas superficies del cuadro, distinguiendo zonas de “agua”, “cielo”, “arquitectura” o “velamen” con distinto tratamiento pictórico, con unidad tonal y lumínica en una entonación básicamente cálida que domina el conjunto. El uso de complementarios, tan del gusto de los impresionistas, y la inclinación por representar en sus obras reflejos acuáticos, le unen en cierto modo al Impresionismo, aunque Muñoz Degrain siguió siempre sus propios esquemas sin adscribirse a ningún estilo en particular, creando un lenguaje pictórico propio.
  Foto: Lola Soto Vicario. Colección Museo San Pío V de Valencia

Por otro lado, pensamos que la profusión de la pincelada en algunas obras, las superficies intensamente trabajadas inundadas de abundantes trazos, texturas, manchas y áreas de color de variadas dimensiones y densidades, dan lugar, en algunos casos, a ambientaciones en cierto modo agobiantes y bastante recargadas, dado que a veces trata los planos de fondo con el mismo dibujo perfilado de las formas y manchas bien definidas como en los planos más adelantados, o bien al prescindir de zonas más descargadas de elementos que puedan aliviar visualmente la composición.

Antonio Muñoz Degrain. “Desfiladeros de Roncesvalles”. 1912

Ejemplo de composición con tratamiento pictórico muy similar en el primer término y en el fondo, aquí sin uso fundidos o perspectiva aérea que pudiera sugerir profundidad, y con gran profusión de elementos, mayor detalle en el dibujo de las formas naturales y sin apenas espacios vacíos, lo que provoca en el espectador la impresión de un paisaje imponente, grandioso y presentado en amplia visión panorámica que literalmente se le viene encima.
Foto: Lola Soto Vicario, en la exposición “Antonio Muñoz Degrain. El paisaje de los sueños”.

Antonio Muñoz Degrain. “Desfiladero de los Gaitanes”. 1913

Los encuadres que seccionan radicalmente elementos compositivos por los bordes del formato o las vistas de pájaro que sobrevuelan los lugares representados son muy del gusto de Muñoz Degrain y le conectan directamente con la pintura del Romanticismo y el concepto de “lo sublime”: la atracción por representar los amplios espacios naturales desolados, desiertos, lugares remotos o ambientaciones torvas que inspiran temor y a la vez fascinación en el espectador. Las vistas de pájaro hacen levantar el plano de suelo, concentrándose toda la atención en éste al elevarse el punto en el que se sitúa la línea del horizonte. En sus composiciones de paisaje vemos que en general el punto de vista situado en un lugar elevado del formato producirá un espacio angosto destinado a albergar una estrecha franja de cielo  

Antonio Muñoz Degrain. “Lampecia y Febe (fábula)”. 1920

Ejemplo del decorativismo formal utilizado por Muñoz Degrain y que le lleva a inventar formas y tonalidades que no se encuentran en la naturaleza, con repetición y abundancia de ritmos lineales y pinceladas engarzadas entre sí que configuran una especie de entramado “vegetal” y orgánico acaparando todo el formato y causando una impresión de horror vacui evidente, de espacio completamente invadido por una naturaleza conectada también con las formas de las figuras, y crea un efecto de superficie texturada que nos recuerda el estampado de un tejido, muy del gusto modernista de principios de siglo

Diremos también que el empleo del gran formato panorámico para sus obras de paisaje también le sirve para representar espacios donde se enfatiza pictóricamente lo inconmensurable, lo grandioso y lo sublime de la Naturaleza; a su vez, los encuadres dramáticos que seccionan elementos compositivos de manera radical resultan el recurso más adecuado para presentarnos unos parajes visualmente poderosos concebidos desde cierta altura y que engullen completamente y sobrecogen al espectador, al igual que sucede en las obras románticas.

Las obras de Antonio Muñoz Degrain expuestas en la sala permanente del Museo San Pío V de Valencia. Foto: Generalitat Valenciana

Exposición “Muñoz Degrain. El paisaje de los sueños” en el Museo San Pío V de Valencia, 2024. Foto: Diario Levante EMV

Cabe comentar también que el peculiar tratamiento de la luz en la obra de Muñoz Degrain tiene como fin, por una parte, incidir igualmente en el aspecto impactante y sobrecogedor de los paisajes, para lo que, en líneas generales, vemos que hará uso del contraste deliberadamente acusado que crea un dramatismo manifiesto en las escenas. Por otro lado, la elección de ambientaciones nocturnas, veladas o en penumbra en las que prevalecen valores lumínicos medios-bajos de la escala tonal y de escaso contraste favorecen la sensación de quietud misteriosa y recogimiento en las escenas que representan lugares de ensueño, pasajes evangélicos o literarios. La elección de un tratamiento de la luz en clave de valores bajos es el recurso que genera una ambientación crepuscular, de serenidad y penumbra en consonancia con la espiritualidad de los pasajes bíblicos o de las leyendas y ambientaciones irreales a las que se hace alusión, como se ve en los siguientes ejemplos: 

Antonio Muñoz Degrain. “Jesús en el Tiberíades”. 1909

Antonio Muñoz Degrain. “Paisaje Noctuno”. 1909

Antonio Muñoz Degrain. “Laguna de Venecia”. 1886

Antonio Muñoz Degrain. “Paisaje con laguna”. Sin fecha

Vemos que el gusto por las escenas nocturnas, los juegos de luces y sombras de los ocasos mediante matices cromáticos y luces bajas junto al uso de monocromías en gamas frías, en azules, grisáceos o verdosos más matizados están presentes en muchas obras en las que el pintor trata de reflejar lo melancólico y lo lánguido del paisaje, impresiones que probablemente ha experimentado previamente y por las que siente inclinación como motivo a representar. Por otro lado, las iluminaciones ciertamente más irreales y teatrales mediante valores lumínicos medios-altos las empleará para enfatizar lo inquietante y lo dramático de la escena, como observamos en estos ejemplos:  

Antonio Muñoz Degrain. “Paisaje con buitres negros, un ciervo y lobos muertos”. 1904
 
Las formas aristadas y oscuras de las figuras en primer plano sugeridas con distintos ritmos lineales contrastan en gran medida con respecto al área de fondo más claro sobre la que se recortan sus contornos; la dramática diagonal que atraviesa el formato sirve también para incidir en el componente trágico de la escena al introducir una tensión inesperada en la imagen. El gusto por gamas complementarias en anaranjado-salmón junto a tonalidades azuladas lo acercan ciertamente a la pintura impresionista.
  Foto: Universidad Complutense de Madrid

Antonio Muñoz Degrain. “Ecos de Roncesvalles”. 1890

Lo épico, lo heroico del paisaje se subraya aquí mediante el rotundo claroscuro y una construcción tonal a base de matices cromáticos monocromos, así como mediante voluminosas masas compositivas que dominan la totalidad del formato, las formas robustas de la naturaleza y las figuras diminutas apenas perceptibles casi en el borde inferior, cuya forma recortada en oscuro resalta sobre una escueta área más clara, unos recursos muy en línea con el Romanticismo del XIX: personajes de reducidas proporciones engullidos por la Naturaleza. La reducida franja vertical de fondo de cielo que asoma entre las dos masas de monte y la particular composición, que presenta un espacio angosto y encajonado, nos habla de un espacio recóndito de connotaciones sobrecogedoras y ciertamente abrumadoras, hecho a partir de formas majestuosas e imponentes donde lo sublime romántico resulta bien evidente

Antonio Muñoz Degrain. “Las walkirias”. 1915

Un paisaje irreal y de leyenda, donde el contraste lumínico funciona como intensificador del drama de la historia narrada, con las figuras de reducidas proporciones que representan las walkirias nórdicas totalmente diluidas en la amplia escenografía panorámica. Ésta abarca la visión de un espacio construido en diferentes planos que, en este caso, huyen hacia el fondo. El wagnerismo es notorio en estas grandes composiciones de Muñoz Degrain, quien trata de representar grandiosas escenas épicas con medios plásticos coherentes, temperamentales y muy expresivos. La afición del pintor por autores románticos como Byron, Victor Hugo o Walter Scott es evidente en la construcción de sus grandes obras de paisaje donde tiene lugar una narración imaginaria, una fábula o un pasaje literario

Finalmente, a nivel técnico podemos comentar que el hecho de elegir con frecuencia soportes de tela de grano grueso y gran capacidad de absorbencia ofrece al pintor una superficie adecuada para lograr acabados de apariencia áspera y enérgica, donde prevalece la huella de la pincelada marcada y sin apenas fundidos. Al parecer, el método pictórico que Muñoz Degrain usaba se basaba en una preparación inicial de la tela a base de amplias áreas de materia menos densa, sobre la que después aplicaba capas de mayor carga de óleo. Como soporte utilizaba crudillos, un tipo de tela áspera y recia semejante al lienzo crudo que imprimaba con cola de pescado; sobre él aplicaba cantidad de materia desigual con pinceles de cerdas duras, junto con restregones de óleo diluido con medio, dejando también ciertos espacios de tela sin pintar (3). Por nuestra experiencia como pintores, sabemos que los pinceles de cerdas duras permiten aprovechar huellas visibles al aplicar con ellos manchas densas, y son ideales para construir texturas o trazos gestuales y aprovechar así ciertos “accidentes” inesperados cuando el óleo no se ha diluido con medio, lo que ofrece unas cualidades plásticas de gran riqueza y calidez visual

Antonio Muñoz Degrain. Detalle de construcción de fragmento de paisaje a base de acusados trazos superpuestos aplicados sobre una tela donde es visible el grano y que ofrece unas cualidades texturales afines y coherentes con el motivo pintado: lo “áspero” de un promontorio rocoso.
  Foto: Lola Soto Vicario, en la exposición “Antonio Muñoz Degrain. El paisaje de los sueños”

Antonio Muñoz Degrain. Detalle “El Tajo. Lluvia”. 1915

Al visualizar las obras de cerca se hace evidente la manera de trabajar de Muñoz Degrain sobre la tela, el orden de aplicación de las capas de óleo, qué trazos o manchas eran más diluidas y cuales más densas, o los frotados con el pincel más seco: toda una lección en el manejo de una dicción pictórica de variada riqueza expresiva.
Foto: Lola Soto Vicario, en la exposición “Antonio Muñoz Degrain. El paisaje de los sueños”.

En conclusión, podemos decir que la desbordante fantasía creadora de Antonio Muñoz Degrain nos conduce por regiones donde lo poético adquiere un valor esencial; él fue autor que combatió el academicismo de su tiempo al plantear propuestas personalísimas muy difíciles de encasillar en un estilo determinado, con una nueva visión del paisaje siguiendo siempre esquemas creados por él mismo sin adscribirse a ningún movimiento en particular. 

Escenarios narradores de leyendas, pasajes literarios, escenas orientales o dramas épicos, sus paisajes vistos al natural resultan verdaderos mosaicos de color a gran escala, superficies pintadas en gran medida cambiantes, agitadas, en algunos casos violentas, donde lo transitorio y a veces el componente trágico de la naturaleza son aspectos que interesan al pintor y se revelan a través de verdaderos torbellinos de pintura. La superposición de trazos marcados y nerviosos y pinceladas audaces a menudo sin fundirse entre sí, el ímpetu cromático, así como la prodigiosa inventiva en el decorativismo formal fueron la novedad de su estilo único. Artista que había absorbido influencias en sus estancias en Roma y París, supo construir más tarde un tipo de expresión donde la musicalidad de los complementarios, lo vivo de las tramas de pinceladas solapadas, los encuadres restrictivos, la luz manipulada con valor expresivo o la profusión y recargamiento formal que inunda el formato resultan recursos de absoluta modernidad. Junto a ello, el hecho novedoso de que la aproximación más naturalista tomada directamente de un referente del natural pasará a segundo plano, y cobrará importancia la propia subjetividad y la imaginación creadora del pintor, quien ahora crea y compone grandes formatos en el interior del estudio. 

Catedrático de Paisaje en San Fernando, participante en numerosas exposiciones nacionales e internacionales de Bellas Artes , pintor prolífico de reconocido prestigio, Antonio Muñoz Degrain fue figura clave en el nuevo paisajismo de los albores del siglo XX, y su inmensa producción de obras sigue asombrando y fascinando por su extraordinario poder de expresión. 

Antonio Muñoz Degrain. “Río Piedra”. Hacia 1910

Antonio Muñoz Degrain. “La gruta de los profetas”. Hacia 1912

Antonio Muñoz Degrain. “Sierra Nevada”. 1920

Antonio Muñoz Degrain. “Un vado en el río Jordán”. Hacia 1909

NOTAS

1.       Véase “Discursos leídos ante la Real academia de Bellas Artes de San Fernando” en la recepción pública del Sr. D. Antonio Muñoz Degrain, el día 19 de febrero de 1899. Madrid, 1899. Pág. 8.

2.       Existe una tesis doctoral al respecto: “Análisis plástico del pintor Muñoz Degrain”, del Profesor Eduardo Sales Encarnación, leída en la Universidad Politécnica de Valencia en 1985.
3.       Véase LÓPEZ ALBERT, S.: “Muñoz Degrain Pintor de la luz”. Archivo de arte valenciano, ISSN 0211-5808, Nº. 79, 1998, págs. 134-139. 

 

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

LÓPEZ ALBERT, S.: “Muñoz Degrain Pintor de la luz”. Archivo de arte valenciano, ISSN 0211-5808, Nº. 79, 1998, págs. 134-139. Obtenido de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2471217


MANAUT VIGLIETTI, J.:”El Museo de Bellas Artes de Valencia”, ABC,4 de Abril de 1958.

SAURET, T.: “Muñoz Degrain y las poéticas paisajísticas fin de siglo en Málaga”. MUPAM   SALA DE EXPOSICIONES TEMPORALES. Ayuntamiento de Málaga. Área de Cultura. Museo del Patrimonio Municipal. 2008. Obtenido de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=80990

“Discursos leídos ante la Real academia de Bellas Artes de San Fernando” en la recepción pública del Sr. D. Antonio Muñoz Degrain, el día 19 de febrero de 1899. Madrid. Obtenido de: https://www.realacademiabellasartessanfernando.com/assets/docs/discursos_ingreso/Mu%C3%B1oz_Degrain_Antonio-1899.pdf


WEBSITES CONSULTADAS

https://www.museodelprado.es/

https://www.carmenthyssenmalaga.org/

https://museobellasartesvalencia.gva.es/es

https://www.rah.es/

https://www.invaluable.com/

https://www.ucm.es/

https://www.duran-subastas.com/es


Las imágenes que ilustran el texto de este estudio han sido tomadas de las websites citadas anteriormente, así como fotografías realizadas por la autora.
 

Las conclusiones de este estudio sobre cuestiones plásticas son originales están basadas en la observación directa de la obra de Antonio Muñoz Degrain por parte de la autora en diferentes museos y exposiciones de la Comunidad Valenciana. En ciertos títulos de las obras, se incluye la nota "sin fecha", al no disponer de ese dato.


Lola Soto Vicario es artista y Doctora en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (Universidad Politécnica de Valencia).

Más información y contacto:

Lola Soto Vicario